Ingrid Roma llevaba años vinculada a la música, pero fue lo ocurrido este verano en su tierra, Ceuta, lo que terminó empujándola a dar el paso que llevaba tanto tiempo posponiendo: publicar sus propias canciones.
La reacción fue inmediata y profundamente personal. Sintió «una mezcla muy intensa de preocupación, impotencia, pertenencia y necesidad de expresar lo que estaba viviendo». De esa necesidad nació «Ceuta sigue en pie», su primera canción publicada.
Para conocer qué había detrás de esa canción y de «Perder la gravedad», desde Música Nueva nos pusimos en contacto con Ingrid. Y al escuchar su historia, las dos canciones adquieren una dimensión diferente: una nace de la necesidad de alzar la voz por su tierra; la otra, de la necesidad de recuperar la propia.
Una vida ligada a la música
Ocho años de piano y una canción esperando su momento
La relación de Ingrid Roma con la música comenzó en la infancia. Estudió ocho años de piano en el conservatorio y siempre ha cantado, aunque durante buena parte de su vida la música quedó desplazada por otras prioridades.
«La música quedó relegada a un segundo plano por la vida, la familia y las responsabilidades», nos cuenta. «Nunca desapareció; simplemente, no terminaba de ocupar el lugar que realmente tenía dentro de mí».
Ese vínculo, sin embargo, seguía ahí. Y acabaría encontrando una salida a través de la composición.
Una experiencia personal difícil marcó un punto de inflexión en su vida y la llevó a reconstruirse desde otro lugar. De ese proceso nació «Perder la gravedad», una canción en la que Ingrid transforma lo vivido en una historia abierta, capaz de conectar también con quienes hayan atravesado sus propios momentos de incertidumbre.
Cuando escribir se convierte en una forma de reconstruirse
«Perder la gravedad» es una canción muy personal que habla de pérdida, desorientación y reconstrucción, pero que deja espacio suficiente para que quien la escucha pueda llevarla a su propia historia.
«Habla de liberarse del peso de aquello que nos mantiene anclados, de recuperar la propia identidad y de empezar a avanzar sin tener todavía todas las respuestas», explica Ingrid.
Esta canción no sería, sin embargo, la que la llevaría a publicar su música por primera vez.
Ese papel estaba reservado para otra historia y para otro lugar.
«Ceuta sigue en pie»: la canción que rompió el silencio
Una canción nacida de la pertenencia
Ingrid Roma es ceutí y lo ocurrido este verano en su tierra despertó en ella una mezcla de emociones que terminó siendo más fuerte que el miedo a exponerse.
«Sentí una mezcla muy intensa de preocupación, impotencia, pertenencia y necesidad de expresar lo que estaba viviendo», nos explica.
De esa necesidad nace «Ceuta sigue en pie», una canción que convierte la ciudad en protagonista. El Estrecho, el mar, sus calles y la diversidad de las personas que la habitan aparecen en una composición que funciona como homenaje y como reivindicación de una identidad compartida.
Pero hay algo más. La canción representa también el momento en el que Ingrid decide dejar de guardar la música para sí misma.
«Aunque esta necesidad de escribir llevaba tiempo dentro de mí, no me atreví a publicar mi primera canción hasta que llegó “Ceuta sigue en pie”», reconoce.
De la intimidad al himno
Musicalmente, el tema sigue un recorrido muy claro. Comienza con piano y una voz contenida, casi íntima, y va incorporando progresivamente cuerdas, sintetizadores y percusión.
El estribillo amplía el espacio sonoro y lleva la canción hacia una balada pop épica, hasta alcanzar un clímax final en el que aparecen guitarras, arreglos orquestales y coros.
Es una construcción de menos a más que encaja con la propia historia que cuenta: una voz individual que termina convirtiéndose en expresión de un sentimiento colectivo.
La letra utiliza además elementos muy vinculados a la identidad de Ceuta. El mar y el Estrecho forman parte de su imaginario, mientras que la convivencia entre distintas comunidades aparece integrada en el relato de la ciudad.
La idea de frontera también se transforma. En lugar de presentarla únicamente como una línea divisoria, la canción la convierte en un lugar de encuentro y pertenencia.
Por eso «Ceuta sigue en pie» se mueve en un terreno cercano al del himno contemporáneo, aunque manteniendo el carácter de canción de autor que define la propuesta de Ingrid.
Y, sobre todo, consiguió algo decisivo: hacer que se atreviera a dar el paso.
«Fue el impulso que me llevó a publicar por primera vez», afirma.
«Perder la gravedad»: volver a encontrarse
Cuando desaparece el suelo
Si «Ceuta sigue en pie» mira hacia fuera, «Perder la gravedad» hace exactamente lo contrario.
Aquí Ingrid se adentra en una experiencia personal y utiliza la música para hablar de lo que ocurre cuando desaparecen de repente algunas de las certezas que sostenían una vida.
La metáfora de la gravedad atraviesa toda la canción. No se trata solamente de caer, sino de quedarse suspendida cuando aquello que parecía firme deja de serlo.
Una reconstrucción sin recetas
Con más de cinco minutos de duración, «Perder la gravedad» tampoco busca resolver su historia deprisa. La canción comienza con guitarra acústica y piano, con una interpretación vocal cercana y contenida.
Poco a poco aparecen la batería, el bajo, las cuerdas y las atmósferas de sintetizador. El tema crece hasta convertirse en una power ballad de pop melódico, pero conserva la fragilidad de sus primeros compases.
La evolución musical acompaña así a la propia narración: del desconcierto inicial a una reconstrucción que no pretende ofrecer respuestas fáciles.
Y ahí está probablemente uno de los aspectos más interesantes de la canción.
Ingrid no construye un relato de superación perfecto. No habla de una revelación que lo arregla todo ni de convertirse de repente en una versión mejor de sí misma.
En la propia letra lo expresa de una manera especialmente directa: «No me salvó una certeza, ni una versión mejor de mí / Fue algo menos admirable: había que seguir».
Recuperar la propia identidad
La maternidad ocupa también un lugar importante en esta historia. En uno de los momentos más personales de la canción, Ingrid habla de esos «dos nombres antes que el mío» que no podían caer con ella.
Pero el recorrido no termina únicamente en la responsabilidad hacia los demás.
También está la necesidad de volver a reconocerse.
La canción avanza desde la sensación de vacío hacia la recuperación de una identidad propia, hasta llegar a la posibilidad de volver a decir el propio nombre.
Es ahí donde «Perder la gravedad» deja de ser únicamente la historia de Ingrid y puede convertirse también en la de cualquiera que haya tenido que reconstruirse después de perder aquello que creía seguro.
Dos canciones, una misma voz
De Ceuta a la propia historia
Escuchadas juntas, «Ceuta sigue en pie» y «Perder la gravedad» muestran dos caras diferentes de Ingrid Roma.
Una es colectiva, territorial y expansiva. La otra es íntima, personal y reflexiva. Una termina convertida en un canto a una ciudad; la otra parte de una experiencia individual para abrirse a quien pueda reconocerse en ella.
Musicalmente también comparten algunos rasgos: construcciones progresivas, melodías ascendentes y una interpretación vocal que crece junto con la emoción.
Pero la conexión más interesante está en el motivo que las puso en marcha.
«Para quienes creamos, la música puede convertirse en refugio, terapia y también en una manera de decir aquello que en la vida cotidiana no siempre sabemos o podemos expresar», explica Ingrid.
Y quizá esa sea la mejor manera de entender estas dos primeras canciones.
«Ceuta sigue en pie» nació de la necesidad de alzar la voz por su tierra. «Perder la gravedad», de la necesidad de recuperar la suya.
Después de años con la música esperando su momento, Ingrid Roma acaba de abrir esa puerta.
Y estas dos canciones son el primer capítulo.





